Las lamparas de mecánicos de Led del siglo XXI – La historia de Mariano y Juan

Lampara de mecanicos

Lampara de mecanicos

 

Lo que hacemos los mecánicos…

Mariano es un mecánico de los de antes, con 59 años está cada día contando lo que le queda para jubilarse. Con 13 años dejó la escuela y empezó limpiando motores diésel, a los 16 entró de aprendiz en la Ford y a los 32 abrió su propio taller.

Ahora con la crisis trabaja solo, no le faltan clientes, pero lo que le faltan son herramientas porque la más nueva es del 98.

Ricardo o Richard para los amigos, tiene 29 años, estudió electricidad del automóvil y tiene un taller a medias con su socio. Le afecta la crisis igual que a Mariano, pero su taller deslumbra, está todo ordenado y aunque no tiene sitio para mucho, en unas estanterías tiene filtros, aceite, anticongelante y pastillas de freno.

Cada vez que un cliente llega al taller de Mario, tiene que esperar que muevan dos coches para meter el suyo con cuidado de no rozar las columnas; sin embargo en el taller de Richard, lo primero que hacen es colocar una funda de plástico en el asiento del conductor y otra en el volante. Así procuran que cuando muevan el coche, no manchen la tapicería ni el volante con las manos de grasa.

La diferencia de uno y otro taller es tan grande, que Mario pierde tiempo y clientes, veamos un claro ejemplo a la hora de reparar un motor:

Mario coge de la pared del taller una lámpara colgada de un gancho. Se trata de la clásica lámpara portátil con dos metros de cable que hay que estar empalmando a un alargador, y que después se cuelga en el capó abierto para alumbrar al motor.

Richard es de los prácticos, tiene una lámpara portátil, que no necesita cable, y por tanto no le molesta ni tiene que estar apartándolo.

La lámpara de Mario hay que enchufarla, tener cuidado de no rozar el cable, de no tirar del enchufe, y además se calienta mucho y es muy incómoda para trabajar en verano, su lámpara de 100 vatios alumbra lo suficiente pero no para mirarla directamente y como la tenemos encima, más que ayudarnos a ver, nos ciega.

La lámpara de Richard no emite calor, funciona con pilas normales, y alumbra más que la de Mario, gracias a sus 24 Leds de alto brillo, no tiene cable, no tiene peligro, no ocupa casi nada y para colmo no se calienta.

El tiempo de coger el cable; de cuidado no me lo pisen, de un momento que enseguida recojo, de dame un pañuelo que me limpie el sudor y de trabajar como en los años 60, ya se ha acabado.

La maravillosa lámpara no es la de Aladino, se trata de la Lámpara de Taller distribuida por la compañía Electrópolis, cuyo coste es similar a la engorrosa lámpara portátil de mecánico tradicional, pero sin los inconvenientes de esta.

Mariano se ha convencido y a sus 59 años no está para nuevas tecnologías, pero para lo que seguro no está es para estar agachándose a recoger el cable. Ha enrollado su antigua lámpara por última vez y ha decidido comprar la Electro DH Led.

¿Quién trabaja mejor, Richard o Mariano?

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